lunes, 13 de junio de 2011

Toca ponerse las pilas.

Cuando alguien llega a mi oficina con problemas laborales y sobre todo personales (parece que van de la mano) yo me siento como una psicóloga, primero llaman a la puerta, esos son los que peor están, directamente lo intuyo, ya que en la puerta hay un cartel enorme que dice: “pase sin llamar” pero llaman y llaman hasta que me levanto y les abro o bien, si me pillan con el teléfono pues, “grito que te crió”, entraaaaa!!! Y me digo , a ver que le pasa a esta persona.

Después observo sus caras al abrir la puerta, si primero se le ven las manos agarrando la puerta y después entran despacio, como con miedo, entonces pienso; uff! problemazo gordo.

Y no se cómo me las apaño pero que siempre doy en el clavo, persona nerviosa, dubitativa y con alguien acompañando que es quien habla, entonces apuesto conmigo misma: “el empresario le está acosando o no le paga”, fijo.

Entonces su acompañante habla, habla por los codos porque lo sabe todo, menos mal que está ahí para hablar porque si no, ¿qué haría el afectado? Seguro que no sabe defenderse por si mismo.

Pero ahí entro yo, miro a los ojos a la persona que está nerviosa y con miedo y le pregunto directamente; ¿cuéntame qué te pasa?

Entonces comienza a contar, mientras le interrumpe, porque su acompañante conoce mejor los problemas que la persona afectada, pero yo sigo mirada fija y sonrisa en la boca, intentando dar confianza para que hable sin miedo, para que cuente de primera mano. Y por fín me cuenta.

Mi jefe lleva un año intentando que abandone mi trabajo voluntariamente y hace 3 meses que no me paga.., además me ha puesto a limpiar y me grita… tal, tal, tal.

Y pienso para mí, lo sabía, los gestos de las personas, sus expresiones, su timidez, todo habla, pero para ello hay que mirar, hay que tenerlos delante, observar, escuchar activamente, empatizar .., y después ayudar, claro.

Y lo mismo pasa cuando se hace una selección de personal. Los seleccionadores te miran, te observan, te intuyen, pero primero, como todos sabemos hay que hacer una criba de curriculums, y ese es el gran problema, porque en las cribas no vemos a las personas, sólo es un proceso objetivo y racional que sigue una regla de 3, si yo quiero sólo a los que tienen “w” el resto quedan descartados. No se entra a valorar si v + v, pueden dar lugar a una Gran “W”. Y es ahí donde se pincha. Donde se corre el riesgo de perder al candidato con las competencias necesarias para ese puesto.

Como podréis imaginar, he ido directamente al botón de descartados/as.


Así que ya toca salir de mi zona de confort y volver a la línea de salida.

martes, 24 de mayo de 2011

Está tan cerca que casi puedo tocarlo…

Podría decir que Belén está resurgiendo de nuevo de su aletargamiento laboral, aunque eso sería no decir toda la verdad, porque, aunque no he estado activamente reciclándome para cuando entre a formar parte de ese mundo fascinante y “odiado” a la vez, que es el de los RRHH, nunca he parado de aprender pasivamente (gracias a mi trabajo) y de olisquear qué se cuece por esos mundos virtuales de la gestión de personas, del talento, de las competencias..

Además de fisgonear por esas empresas (sin ofender a la presente, que paga mi hipoteca) donde las personas son mucho más que costes variables, la cultura no es sólo las costumbres de una sociedad y a la hora de invertir se tiene en cuenta la formación, la igualdad, el desarrollo personal o el talento. Esas empresas que parecen sacadas de un cuento de hadas. Esas empresas a las que espero pertenecer algún día. Pues eso, que a parte de fisgonear también me he permitido echar algún c.v. (sólo por el simple hecho de saber si puedo ser golosa para alguna empresa) aunque no ha servido para mucho ya que parece que buscan al candidato imposible, no sirve con tener dos carreras, dos master, tropocientos mil cursos de adtvo de personal, haber trabajado en diferentes sectores relacionados con los RRHH y tener aptitudes y ganas para el puesto requerido. Parece que eso no es suficiente. En fin.


Pues bien, digo que me siento resurgir porque me han llegado dos ofertas de empleo (digo que me han llegado porque hacía mucho que no indagaba por la red y justo entro y me las topo de golpe) pero no dos ofertas de aquellas que he comentado antes, sino dos que se adaptan perfectamente a mi perfil laboral. Dos ofertas de dos empresas a las que andaba yo intentando echar el anzuelo. Dos empresas que piden conocimientos concretos que, sin ánimo de parecer engreída, considero poseer.

Pues bien, lo he hecho, le he dado al botón, con un nudo en el estómago he pasado a formar parte de esos numeritos pequeños en tamaño pero grandes en cantidad (en una doce y en la otra ciento de personas inscritas) que se encuentran justo debajo del “aceptar la oferta”.
Y ahora qué….

La seleccionadora seleccionada. Y me pregunto si se darán cuenta de que hay alguien detrás de esos números, alguien que vale la pena, no hablo sólo por mi, hablo por todas esas personas más que sobradamente preparadas para ese maravilloso puesto, personas esperando esa oportunidad para ver realizados sus sueños, personas con talento.

O tal vez pase al montón de: descartado/a.

Ya os contaré……